Maremagno mar magmático
de humeantes ventiscas,
nebulosas anárquicas,
donde doncellas opacas,
caminantes desconsoladas,
vagan en decrépito túnel,
antaño glorioso pasaje de fantasías,
apestado por la rabia contagiada de pesados desengaños
que fulminantes rompieron al creador de sueños
que formidablemente controlaba el caos en su orden
hasta que un error
acabó con la pasión de esos sueños dorados
tornándolos oscuros convexos de rejas de granito
que enjaulan vitorees esperanzadores.
Magnética atracción de deseos
que magnéticamente atraen lo deseado
en un bailar de objetos velados
por el tiempo pasado
que únicamente perturban el espacio
en visiones de danzarines furiosos
rompiendo esos objetos hasta ser solo desechos,
cristales envueltos por seres de éter
que contagian los recuerdos de aquellos espejos plateados
que nunca miente
y en los que verdades afiladas hieren.
Marabunta solar impenetrable
por las flechas marinas
que vuelas hirvientes
sesgando paramos inertes
habitados por el hielo índigo
que al contactar con sus hojas volcánicas
convierten el diamantino hielo
en vaporoso sin fin de penas,
convertidas en fin de amaneceres
que con un gris oscuro torna los colores
de las grandes estepas que fueron fértiles
cuando los lunáticos gobernaban sin miedo.
Lunáticos acosados por estrellas ovaladas
en movimientos helicoidales caleidoscópicos
rompiendo la quietud del vacío espacio,
y al instante, en la más lejana luna de Venus,
un hilo finísimo de seda arácnida
tejida por vetustas ruecas de ébano,
traza una nueva conexión,
un pasaje en el que milanos peregrinos,
vagabundos mensajeros huidos,
despliegan sus alas para afrontar el viaje
a un nuevo paraíso de acuarelas de vidrio,
fuerte megalitos decorados por garabatos,
fantásticos trazos llegados de las claras mentes,
limpias y abiertas, preparadas para el ocaso
de un imperio, ajado por la vanidad
y muerto en vida,
un imperio deseoso del fresco rocío
que traerá el nuevo despertar.
8.5.11
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