Desperté; vació y frió atronador que
encadena mi aliento, inmóvil decrepitud
reflejada en el destello del roció bruñido.
Ampollas del fuego salino
de las pegajosas arenas volcánicas
que rascan mi piel.
A lo lejos, celestes aguas salvadoras,
dulces lagrimas marinas que, en el vergel
errante, convertirá la caravana de mi vida.
En el horizonte negruras insondables
que percuten en mi juicio apenado
y dan luz a sensaciones amargas.
Me deje llevar, por el camino hacia la puerta
de atrás del Edén, por aquella preciosa Eva,
y mordiendo la manzana dorada, me embarque
en el viaje más oscuro y longevo de mi vida,
como un Ulises moderno hacia una Itaca
más semejante a la existencia verdadera
que ese falso paraíso
del que había salido sin retorno.
Y ese “mi pecado Original”, tan particular,
pesadilla crepuscular, me ataco,
como una jauría feroz, con golpes
de hierro y sangre...
Cristalinos músculos que se quebraban
al moverse, dolores agudos me disciplinaban mi existir.
Un cuerpo que libraba una molesta lucha con el sueño
por recuperar la lucidez perdida en mitad de la noche.
Ahora recordando mis dos vidas,
todo lo ocurrido hasta este ultimo amanecer,
despejo la incógnita de mi ser, del porque y para que
y por eso, agotado y rendido, acabo mis días
donde Eva me engaño la primera vez...
el principio del fin, que ahora se convertirá
en el fin para un nuevo principio.
El fin de mi primera vida y el inicio de mi única vida.
20.7.10
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